Formatos y más formatos
Juguemos un poco con la imaginación.
Imaginemos que la empresa de un grupo óptico de nuestro país, en colaboración con las principales editoriales, decide sacar unas gafas específicas para la lectura de unos libros especiales que no pueden ser leídos sin esas gafas. Una especie de libros "codificados" para cuyo descifrado hay que ponerse las gafas; si no, no hay manera.
Por lo pronto, unos se echarían las manos a la cabeza y dirían que están locos, que tienen un morro que se lo pisan. Otros, mucho más "comprometidos", dirían que eso es de una actitud fascista que busca el favorecer al rico que pueda permitirse las gafas y sumergir al pobre proletario en la oscuridad de la incultura. Bien, dejaré de lado lo correcto o lo incorrecto de esta imaginaria actuación por parte de una serie de empresas privadas.
Me quiero centrar no tanto en el imaginario hecho, sino en las imaginarias consecuencias.
Siguiente fase: otro grupo óptico ve buena la idea y decide sacar su propio sistema de codificación-descodificación, y para ejecutarlo llega a un acuerdo con las mismas editoriales iniciales además de otras.
Se podría hablar incluso de un tercer y un cuarto sistemas, pero lo dejaré ahí.
Consecuencia: las estanterías de las librerías repletas de ejemplares de una misma obra, misma editorial, pero impresas en formatos y estilos diferentes para cada diferente sistema de gafas de lectura.
Si lo pensáis bien, parece aberrante, ¿verdad? Pues eso es precisamente lo que ocurre con los libros digitales. Un mismo libro, una misma editorial, diferentes versiones de archivo para satisfacer los diferentes formatos de lectura: Kindle, Mobi, PDF, ... Y en cambio tragamos con eso y lo vemos con la misma naturalidad con que asistimos a la noticia del lanzamiento de un nuevo sistema de lectura o de otro sistema operativo adicional a los ya existentes.
Sorprendente este hecho, más teniendo en cuenta que la supuesta tendencia en todos los ámbitos de la vida actual es hacia la unificación y hacia la estandarización... o quizá sólo cuando conviene.
Imaginemos que la empresa de un grupo óptico de nuestro país, en colaboración con las principales editoriales, decide sacar unas gafas específicas para la lectura de unos libros especiales que no pueden ser leídos sin esas gafas. Una especie de libros "codificados" para cuyo descifrado hay que ponerse las gafas; si no, no hay manera.
Por lo pronto, unos se echarían las manos a la cabeza y dirían que están locos, que tienen un morro que se lo pisan. Otros, mucho más "comprometidos", dirían que eso es de una actitud fascista que busca el favorecer al rico que pueda permitirse las gafas y sumergir al pobre proletario en la oscuridad de la incultura. Bien, dejaré de lado lo correcto o lo incorrecto de esta imaginaria actuación por parte de una serie de empresas privadas.
Me quiero centrar no tanto en el imaginario hecho, sino en las imaginarias consecuencias.
Siguiente fase: otro grupo óptico ve buena la idea y decide sacar su propio sistema de codificación-descodificación, y para ejecutarlo llega a un acuerdo con las mismas editoriales iniciales además de otras.
Se podría hablar incluso de un tercer y un cuarto sistemas, pero lo dejaré ahí.
Consecuencia: las estanterías de las librerías repletas de ejemplares de una misma obra, misma editorial, pero impresas en formatos y estilos diferentes para cada diferente sistema de gafas de lectura.
Si lo pensáis bien, parece aberrante, ¿verdad? Pues eso es precisamente lo que ocurre con los libros digitales. Un mismo libro, una misma editorial, diferentes versiones de archivo para satisfacer los diferentes formatos de lectura: Kindle, Mobi, PDF, ... Y en cambio tragamos con eso y lo vemos con la misma naturalidad con que asistimos a la noticia del lanzamiento de un nuevo sistema de lectura o de otro sistema operativo adicional a los ya existentes.
Sorprendente este hecho, más teniendo en cuenta que la supuesta tendencia en todos los ámbitos de la vida actual es hacia la unificación y hacia la estandarización... o quizá sólo cuando conviene.
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