Hablame del mar
Marisol cantaba una canción que decía: “Háblame del mar marinero, y si es verdad lo que dicen de él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve”. Hace muchos años ya de esta letra, pero su mensaje nunca ha estado tan de moda. Nunca nuestra casa había tenido tantas ventanas para poder ver la inmensidad del mar, pero en este caso; en la muerte de Bin Laden; solo podemos asomarnos y escuchar la descripción de una pequeña cala de orillas rocosas.
En un mundo en el que la imagen lo dice todo, se ha decidido guardar las fotos de un cadáver, única prueba para que algunos se crean la historia que nos están contando, porque no es ningún trofeo, usando también como escusa nuestra sensibilidad. ¿Acaso son trofeos los muertos televisados cada vez que hay un bombardeo o un terremoto? ¿Nuestra sensibilidad no es herida cada vez que vemos un accidente de tráfico y nos muestran las manchas de sangre en la calzada o las fotos de cómo ha quedado el interior del coche y sus ocupantes? No. No lo hace porque ya estamos acostumbrados a sentarnos y comer mientras nos salpican las desgracias de los demás. Entonces, ¿cuál es la diferencia? El anonimato. Esas personas para el resto del mundo no son conocidas, no sentimos ningún tipo de lazo que nos ate a ellos. En cambio Osama Bin Laden ha significado un antes y un después a la hora de entender nuestra seguridad, nuestra forma de viajar, y eso para bien o para mal significa algo. Es un nombre en nuestras vidas.
No voy a entrar en si está bien o mal, en si nos cuentan la verdad o nos ocultan algo. Hablo desde la ignorancia total y absoluta en el tema, pero sí querría entrar en lo que más me ha molestado de todo esto. La frase: “Hoy el mundo es un lugar más seguro”. Perdonad que no esté de acuerdo en ello. Llamadme rara, pero resulta que el hecho de que un militar entre en casa de alguien y le pegue un tiro, no me da sensación de seguridad. Tampoco creo que, por haber matado al que era el rostro del mal y ahora el más photoshopeado del mundo, un señor que quiera mi bolso no me vaya a dar el mismo navajazo que me hubiera dado antes de lo ocurrido. (Vale, no es lo mismo…pero a mí me preocupa más que me asalten por la calle a ser una víctima del terrorismo…lo veo más posible). Por no mencionar el hecho de que al dejar al rebaño sin pastor, las ovejas se dispersan. Han hablado de venganza, así que a partir de ahora no actúan bajo una idea, sino aferrándose a un sentimiento; algo que es mucho más peligroso que cualquier otro arma. (No olvidemos que el hermano de Hans Gruber dio para toda una secuela. Lo cual me lleva a dos teorías: 1.Obama no ha visto “La jungla de cristal”. 2.La ha visto demasiadas veces y tenía ganas de decir “Yipikayei, hijo de puta”)
Para terminar me gustaría hacerles una pregunta a todos aquellos americanos que salieron a la calle gritando como si hubieran ganado el mundial: ¿Si ellos hubieran visto a Bin Laden hubieran hecho algo, hubieran apretado el gatillo? Sé que no me van a responder, pero me imagino la respuesta. No hubieran hecho nada, y no porque no pudieran o no se atrevieran, no por falta de ganas; no lo hubieran hecho porque teniéndolo delante nadie nos daríamos cuenta de que era él. Lo miraríamos pero no nos fijaríamos, de la misma manera que no nos fijamos en la persona que viaja al lado nuestro en el autobús ni en quien espera antes que nosotros en la caja del súper. Miramos sin ver, y por eso necesitamos a alguien que nos cuente lo que no vemos o no queremos ver.
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