El arte de bien combinar los sonidos, y éstos con el tiempo.

Con 10 años entré en el Conservatorio Profesional de Música de mi “pueblo-ciudad” Calahorra. Allí, lo primero que aprendí fue el significado de la palabra MÚSICA: “La música (me decían) es el arte de bien combinar los sonidos, y éstos con el tiempo.” Bueno, la cosa no empezaba mal, la verdad. Simplemente había que coger sonidos y tocarlos de tal forma que sonaran decentemente y con una velocidad continua.

He de reconocer que durante mis primeros años de estudio del violín no tuve ningún tipo de problema en llevar a cabo la misión de combinar sonidos decentemente (dentro de lo que puede permitir un estudiante medio amateur del violín, ustedes se imaginarán…). El problema está en el “y ahora ¿qué?”.

Pues sí… y ahora qué. Vale, ya sé tocar notas sin pararme, más largas o más cortas pero con una coherencia rítmica aceptable (metrónomo, el mejor amigo del músico; afinador, no te enfades), pero… y ahora ¿qué?

Una partitura no es otra cosa sino eso, una partitura. Son puntos negros con rayitas (unas más, otras menos) en 5 líneas horizontales. Si me lo permitís diré, incluso, que es un ejercicio de matemáticas en estado puro. Pero ahí radica el problema de muchos músicos. Porque la música no son manchas en una hoja, no son unas líneas bien puestas con puntos colocados al libre albedrío. La música es expresión. Es como un cocinero que, con aceite, huevos y patatas no se le ocurre que puede hacer una tortilla con esos ingredientes.

El actor lee un guión y se imagina un personaje que luego tiene que interpretar y se mete en su papel. El pintor imagina o ve un paisaje y expresa con su pincel cómo ve él ese paisaje. El baile expresa con movimientos corporales los sentimientos de una música. Pero… y ¿el músico? ¿Qué hace el músico? Tocar. Tocar notas. Sonido. Manchas escritas en 5 líneas. Y no debe ser así. Toma esas notas y exprésate. Y es que muchas veces existe el miedo del músico a expresarse, a sacar todo de sí mismo y poder contar algo coherente con la música que está interpretando. Sacar su yo a través de una “caja de madera con cuerdas” o de un “tubo con agujeros”. De ahí precisamente que sea tan difícil describir la música y a la vez sea tan bonito, porque ¿alguien ha escuchado la misma sinfonía de Beethoven dirigida por dos directores diferentes y que suene igual? (absténgase de contestar los cerrados de mente que no son capaces de escuchar más de 10 segundos seguidos de todo lo que tenga que ver con música clásica). ¿Alguien ha escuchado a dos intérpretes diferentes tocar la misma obra y que suene igual? (absténganse los mismos de antes).

Si rebobinamos con nuestro casete digital recordaréis como todo esto que he escrito viene de haber hablado del significado de música. Bien, pues si a la música se le puede dar un significado pierde todo su sentido. No tratéis de dar nombre a tal o cual estilo, a una u otra forma de tocar, pues al final, todo será música. Si a un sentimiento le pones nombre solo sirve para calificar algo pero pierde su sentido, porque el sentimiento es para vivirlo, no para escribirlo.

La música NO es el arte de bien combinar los sonidos, y éstos con el tiempo. La música es… MÚSICA.

Be music my friend.

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