Educando a golpe de ley

Legislaciones, prohibiciones, eso sí, por el bien del ciudadano. Cómo mandan los cánones. ¿Estamos seguros? Yo no lo veo tan claro.

Mi madre me decía que no corriese con el coche, también me decía  que no fume, que no le atice en la cabeza con un palo a un señor que pase por la calle. Ella me lo decía (y me lo sigue diciendo) con buena voluntad, como una madre dice las cosas a un hijo. Y me lo decía para que su hijo no saliese un cabestro atontado, sin futuro ni objetivo, me lo decía por una simple razón: educarme. 

Ahora, desde hace mucho, resulta que los gobiernos (no el español, sino todos en general) quieren hacer de madres, pero de una manera mucho más diferente: obligando. Prohibiendo. Y como eso queda muy feo lo llaman legislar. Ojo, que no estoy en contra de las leyes, ni mucho menos, me parecen justas y necesarias, la gran mayoría. Por ejemplo, la de pegar a la gente con un palo en la cabeza me parece de lo más justo.

Sin embargo la del fumar. No digo que esté en contra, me parece genial. Nunca he sido partidario de comerme un pincho de tortilla mientras mi vecino de barra comparte su respiración "nicotínica" conmigo, cuánto menos cuando yo no puedo compartir nada con él; porque estoy seguro de que no le gustaría que yo compartiese ciertos aires.
El caso es que no me disgusta la ley, pero sí las formas. Creo que estoy se podría haber arreglado aplicando, solamente, una pizca de sentido común y educación. Acepción quinta de educar según la RAE: "Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía"

Otro caso, y de otra parte del mundo. Este me sorprendió mucho viendo un documental de Jamie Oliver ("The food revolution", muy recomendable, aunque quizás un poco extremo ya que se encuentran en la ciudad peor alimentada, del estado peor alimentado, del país peor alimentado del mundo. Y no en cantidad si no en calidad). Es asombroso la cantidad de legislaciones que puede tener un país, en este caso Estados Unidos, para algo tan sencillo, en teoría, como es la alimentación de los niños en un comedor escolar. Y todo para hacerlo tan sumamente mal. Es normal que haya unos mínimos que cumplir en cuanto calidades. Pero porque a diez mentes pensantes de cualquier comisión, de cualquier parlamento, decidan que un niño se tiene que comer 120 gramos de espinacas éste no lo va a hacer. A ningún  criejo de seis años le gustan las espinacas.
Hay maneras mucho más fáciles de hacer comer bien a la gente que poniendo leyes sobre cómo tienen que hacerlo. Y aquí entra también la educación: primera acepción de educar según la RAE: "Dirigir, encaminar, doctrinar" 

Como estos, a mi entender, hay muchísimos temas por solucionar en el mundo, no más importantes, pero sí que requieren más diplomacia y legislación que estos. Creo que es una pérdida de tiempo para nuestros vehementes políticos tener que pensar en estas cosas por nosotros. Le ahorraríamos muchas noches sin dormir mientras piensan como ayudar a sus ciudadanos. No hay que olvidar que muchos de ellos también son padres y tienen que tener tiempo para EDUCAR a sus hijos.

Así que propongo ayudarles, sé que podemos. La civilización ya tiene unos cuantos años como para que podamos hacer estas cosas por nosotros mismos, en vez de tener que pedir ayuda a papi y mami.

No costaría nada rescatar al viejo y olvidado "dejen salir antes de entrar", tampoco costaba nada no echar el humo del tabaco a alguien en un bar, cuánto menos costaría usar los pasos de cebra, y respetarlos por lo que conducimos, apagar una luz que no estemos usando o cerrar un grifo que desperdicia agua sin parar. Y sobre todo, es muy fácil usar dos palabras que están consideradas mágicas en todos los manuales de urbanidad del mundo: "por favor" y "gracias".
Hacerlo de buena gana siempre será mucho mejor que hacerlo a golpe de ley, y tal y como van las cosas no descartaría que lleguen a hacerlo.

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