Cualquier tiempo pasado fue anterior

¡Qué tiempos aquellos! Que diría mi abuelo...

¿Mi abuelo? ¡Qué va! Tal como pasa el tiempo y la velocidad con que cambian las cosas, estoy en mi pleno derecho de decirlo ahora mismo, mientras me acerco a la triple equis.

Este blog lo ha creado un colega y cuando me dijo el título que pensaba ponerle pensé: "bueno, no está mal". Después, pensándolo un poco más, me he dado cuenta de la profundidad que tiene tal binomio de palabras tan contrapuestas: "casete digital". Además así, tal cual, casete con una ese y una te, con dos...

Bueno, a lo que íbamos: ¿qué puede ser más antagónico que un casete digital? Pues nosotros mismos, sin ir más lejos, generación nacida en los 80s que para cuando estaban acostumbrándose al uso del casete vino algo llamado CD y ¡zás!, patada en los mismísimos y a buscarnos la vida con el nuevo sistema.

¿Quién no recuerda aquellas copias realizadas en casete? ¡Ah!, por favor, señores de la "esgae", quizá en adelante su sensibilidad pueda resultar herida, así que si no desean acabar la semana peor de lo que ya la tienen, absténganse de seguir leyendo y disfruten del maravilloso fin de semana. Bien, sigamos. En aquellas copias de casete que mencionaba había que escucharse todo el álbum para completar la copia, con lo que si a mitad de la reproducción-grabación no te gustaba, lo parabas y sanseacabó. Con el demonio del CD, se acabó esa historia: cojes un CD original, cojes otro vírgen, lo copias y ya está. Si no te gusta, has perdido X céntimos y unos pocos minutos... y la esgae ha ganado otros X céntimos, porque aunque tires el CD copiado o la copia salga mal, ellos ya han cobrado lo suyo.

Ya no hablemos de copiar juegos de casete... ¡buf! Todavía retumba en mis oídos aquel chillido infernal de los bytes sonando en la cadena de música. Vale, el sistema de copia era sencillo, pero estaba sujeto a fallos durante su ejecución como ningún otro en la historia. Y si el casete a copiar era de cierta longitud, podía llegar a ser desquiciante. Pero nada que ver con el tiempo de carga de aquellos juegos y programas; el proceso era tal como sigue: encendías el ordenador, ponías el casete en el lector, introducías la instrucción de carga pertinente y te ibas tranquilamente a comerte el bocadillo de Nocilla que tan amablemente te había preparado tu madre; te acababas el bocadillo de Nocilla, echabas una meada y con suerte después de todo eso se había cargado el juego-programa... eso o llegabas cuando estimabas que le faltaban unos 5 minutos para acabar (eternos, eso sí) y el cacharro infernal te decía que "tururú", error de lectura al canto. Cara de frustración y vuelta a empezar.

Quizá eso nos hizo ser como somos. Algo pacientes y bastante tozudos.

Pero llegó el CD y de un plumazo se ventiló nuestra paciencia. ¿Copiar un CD? Digamos que unos 10 minutos. ¿Cargar un programa? Apenas 2 en el peor de los casos. Y si da un error te enteras en menos de uno. Adiós paciencia... pero no la tozudez. Los errores de copia y de carga persisten cual chicle aplastado contra una alfombra.

Ya para terminar, sólo tener un recuerdo para aquellos maravillosos lectores de CD (de grabadores, ni hablar, por si las "sindes") a la espantosa velocidad de 2x. ¡Qué pasada, 2x! Y eso que compré uno porque el de 4x era muchísimo más caro y lo veía totalmente innecesario... tanto como el tener un disco duro de 1000MB. ¡Si no lo iba a llenar nunca! Pero el tema de los discos duros, es otra historia... ¡qué tiempos aquellos!

Querido casete, descansa en paz (acumulando polvo en mis estantes). Bienvenido, Mr.Digital.

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